lunes, 19 de abril de 2010

Santos...

Los Martin fueron santos escogidos por Dios para ser de aquellos santos comprometidos en la construcción de su Iglesia. En esto reside su santidad, justamente : en cumplir su voluntar allá donde Él nos coloque. Se trata de “ocupar nuestro lugar o de subir más alto”.

Cardenal José Saraiva Martins

jueves, 1 de abril de 2010


Teresa había sido la hija preferida de su padre;era tan alegre, atractiva y amable, que los dos sufrieron intensamente cuando llegó el momento de la separación. Pero no le cabía la menor duda de que ésa era su vocación y desde el principio se determinó a ser santa.

domingo, 28 de marzo de 2010

Un papá santo...


Teresita habla de su padre empleando varias veces palabras como ”santo”,”siervo de Dios”, “justo”.

sábado, 13 de marzo de 2010

Venerables


Los Venerables Siervos de Dios, Luis y Celia Martin, fueron ante todo una pareja unida en Cristo, que vivió su misión en la transmisión de la fe con una pasión y con un raro sentido del deber. Vivieron un momento particular de la historia del siglo XIX, tan diferente al nuestro y, sin embargo, testimoniaron y se empeñaron, de una manera completamente natural, yo diría incluso psicológica, en lo que nosotros llamamos en la actualidad la evangelización.

jueves, 28 de enero de 2010

Celia y Luis


Cuando Teresa proclama lo nuclear de su espiritualidad: el amor desbordante de Dios en su vida, la confianza absoluta en Dios como un niño en los brazos de su Padre, ¿cómo no reconocer estos sentimientos en la conducta diaria de su papá. Luís Martín fue para Teresa un símbolo y una imagen de Dios, un Evangelio vivo.

sábado, 16 de enero de 2010

Vocación de sus hijas...


En esta familia corriente, iluminada por la fe, confrontada a los azares de la vida, minada por la enfermedad emergen, se afirman y se desarrollan las respuestas y las vocaciones de sus hijas. Cuatro escogieron el mismo Carmelo : el de Lisieux. Leonía el de la Visitación de Caen.

jueves, 7 de enero de 2010

Cartas de Celia...



"Mi tiempo se ha acabado: Dios quiere que descanse"


A su hermano


16 de agosto de 1877


El día que recibí tu última carta, vino el médico. Lo había llamado por los dolores de estómago y de intestino. Esperaba que me pusiera un tratamiento que me aliviase, pero lo único que me recetó fue ¡una botella de agua de Vals! Sin embargo, creo que algo podría hacerse para ali­viarme, pues ya no puedo tenerme en pie. Ya casi no bajo; voy de la cama al sillón y del sillón a la cama. Las dos últi­mas noches han sido muy crueles.


Hace dos días me lavé con agua de Lourdes y a partir de ese momento he tenido muchos dolores, sobre todo en los brazos. Decididamente, la Santísima Virgen no quiere curarme.
No puedo seguir escribiendo: estoy al límite de mis fuerzas. Habéis hecho bien viniendo a Alençon mientras aún podía estar con vosotros.


¡Qué le vamos a hacer! Si la Santísima Virgen no me cura, es porque mi tiempo se ha acabado y Dios quiere que descanse en un lugar distinto de la tierra...