viernes, 11 de noviembre de 2011

La pareja participaba de la Misa diariamente, a las cinco y media de la mañana, rezaba el ángelus y vísperas, ayunaba en Cuaresma y Adviento, invitaba a pobres a comer en su casa y visitaban ancianos.


lunes, 24 de octubre de 2011

Testigos de la alegría de creer y de vivir en Cristo



En su última carta, dirigida a su hermano, algunos días antes de su muerte, Celia escribe: “¿Qué quieres?

Si la Santísima Virgen no me cura, es por que mi hora ha llegado, y que el buen Dios quiere que descanse en otro lugar que no sea la tierra…” Luis, por su parte, ve salir a cada una de sus hijas hacia la vida religiosa. Se arriesga a encontrarse solo, pero no quiere retenerlas para sí mismo. Vive la situación de Abraham a quien Dios le pide su hijo. Tras la entrada de Teresita en el Carmelo alguien le dijo que no tenía nada que envidiar de Abraham, a lo que responde rápidamente. “Sí, pero, lo confieso, hubiera elevado lentamente la espada, esperando al ángel y al carnero”.

Sí, Luis y Celia Martin quieren seguir a Cristo que toma el camino del don total de sí mismo y saben por la fe la fecundidad que contiene tal don.

Contemplando su vida, vemos bien cómo es en la oración, en la Eucaristía, en una vida eclesial regular y en una atención muy realista a los demás, de donde sacan, en el día a día, el dinamismo de su don de sí.

De esta manera, son los testigos de la alegría, de la verdadera alegría, la de creer y de vivir en Cristo.

martes, 11 de octubre de 2011


Qué es lo que fascina de los esposos Martin? ¿Qué mensaje deja esta familia a la Iglesia y a la sociedad?
Sin duda fascina la valentía de esta familia que, después de diecinueve años de matrimonio, ante la crisis económica que afligía a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, halló la fuerza de dejar Alençon y trasladarse a Lisieux, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, "emigrantes" en busca de lo que pudiera hacer más bella la vida y concreta la esperanza. Hay una belleza que emana de su trabajo artesanal emprendedor: Luis Martín, como relojero y joyero; y Celia Guérin, como pequeña empresaria de una taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes tenían necesidad. Su casa no fue una isla feliz en medio de la miseria, sino un espacio de acogida, comenzando por sus obreros.

sábado, 10 de septiembre de 2011

"No tenía más que mirarlo para saber como rezan los santos"

(Esto decía Santa Teresita de su padre Luis Martin)


miércoles, 31 de agosto de 2011


Cada mañana y cada noche rezaban en familia; observaban el domingo y las fiestas de la Iglesia atentamente. Luis era un líder en la adoración nocturna de la Eucaristía. Celia, siempre la última en ir a la cama, muchas veces estaba despierta hasta casi la medianoche. Había muchas exigencias de su tiempo, pero ellos lo daban generosamente para servir a Dios y al prójimo.

sábado, 13 de agosto de 2011



Dios no tarda en satisfacer a su siervo. El 23 de junio de 1888, aquejado de accesos de arteriosclerosis que le afectan en sus facultades mentales, Luis Martin desaparece de su domicilio. Tras muchas tribulaciones, lo encuentran en Le Havre el día 27. Es el principio de una lenta e inexorable degradación física. Poco tiempo después de que Teresa tomara los hábitos, momento en que se había mostrado «tan apuesto y tan digno», es víctima de una crisis de delirio que hace necesario su internamiento en el hospital del Salvador de Caen; es una situación humillante que acepta con extraordinaria fe. Cuando consigue expresarse repite sin cesar: «Todo sea para la mayor gloria de Dios»; o también: «Nunca había sufrido una humillación en la vida, por eso necesitaba una». En mayo de 1892, cuando ya las piernas sufren de parálisis, lo devuelven a Lisieux. «¡Adiós, hasta el Cielo!», consigue decir a sus hijas con motivo de su última visita al Carmelo. Se apagará dulcemente como consecuencia de una crisis cardíaca el 29 de julio de 1894, asistido por Celina, que había demorado su entrada en el Carmelo para dedicarse a él.

lunes, 1 de agosto de 2011



Luis y Celia se dejaron llevar por los planes de Dios, renunciando generosamente a los que ellos mismos habían diseñado. Pusieron siempre su confianza en Él, y encontraron así en el matrimonio su propio camino de santificación. Camino efectivo y fecundo, pues del manantial de su amor conyugal y entrega mutua ya los planes de Dios, surgió un ambiente y un entorno de fe que alentó y vigorizó las vocaciones religiosas de sus hijas. Son un testimonio clarísimo de que la familia cristiana que está basada en el amor recíproco es el ámbito donde cada uno puede crecer y desarrollarse hasta alcanzar la santidad dando un servicio valiosísimo a la sociedad y a la Iglesia.
(fuente: Boletín Pastoral Familiar)