sábado, 13 de marzo de 2010

Venerables


Los Venerables Siervos de Dios, Luis y Celia Martin, fueron ante todo una pareja unida en Cristo, que vivió su misión en la transmisión de la fe con una pasión y con un raro sentido del deber. Vivieron un momento particular de la historia del siglo XIX, tan diferente al nuestro y, sin embargo, testimoniaron y se empeñaron, de una manera completamente natural, yo diría incluso psicológica, en lo que nosotros llamamos en la actualidad la evangelización.

jueves, 28 de enero de 2010

Celia y Luis


Cuando Teresa proclama lo nuclear de su espiritualidad: el amor desbordante de Dios en su vida, la confianza absoluta en Dios como un niño en los brazos de su Padre, ¿cómo no reconocer estos sentimientos en la conducta diaria de su papá. Luís Martín fue para Teresa un símbolo y una imagen de Dios, un Evangelio vivo.

sábado, 16 de enero de 2010

Vocación de sus hijas...


En esta familia corriente, iluminada por la fe, confrontada a los azares de la vida, minada por la enfermedad emergen, se afirman y se desarrollan las respuestas y las vocaciones de sus hijas. Cuatro escogieron el mismo Carmelo : el de Lisieux. Leonía el de la Visitación de Caen.

jueves, 7 de enero de 2010

Cartas de Celia...



"Mi tiempo se ha acabado: Dios quiere que descanse"


A su hermano


16 de agosto de 1877


El día que recibí tu última carta, vino el médico. Lo había llamado por los dolores de estómago y de intestino. Esperaba que me pusiera un tratamiento que me aliviase, pero lo único que me recetó fue ¡una botella de agua de Vals! Sin embargo, creo que algo podría hacerse para ali­viarme, pues ya no puedo tenerme en pie. Ya casi no bajo; voy de la cama al sillón y del sillón a la cama. Las dos últi­mas noches han sido muy crueles.


Hace dos días me lavé con agua de Lourdes y a partir de ese momento he tenido muchos dolores, sobre todo en los brazos. Decididamente, la Santísima Virgen no quiere curarme.
No puedo seguir escribiendo: estoy al límite de mis fuerzas. Habéis hecho bien viniendo a Alençon mientras aún podía estar con vosotros.


¡Qué le vamos a hacer! Si la Santísima Virgen no me cura, es porque mi tiempo se ha acabado y Dios quiere que descanse en un lugar distinto de la tierra...



domingo, 27 de diciembre de 2009

Sobre su beatificación...


A los ojos de sus cinco hijas -María, Paulina, Leonia, Celina y Teresa- la causa estaba concluida mucho tiempo antes. Ellas eran el fruto del amor de un santo y una santa, que las habían elevado como el sacerdote eleva la hostia: para ofrecerlas a Dios, pidiéndole que se tome esa ofrenda en perfecta y digna de Él.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Santa Teresita de su padre...


"Lo amé entrañablemente. Mi vida giró en torno a su cariño. Paseaba con él. Iba al río con él. Me enseñaba a pescar. El pescaba con mucha paciencia. Yo no daba nunca con un pez prisionero. Con papá iba a escuchar la música de la banda militar. Y con él iba a misa frecuentemente. Me tomaba de la mano durante la ceremonia. Yo le miraba. Nunca vi a nadie rezar tan profundamente como rezaba él. Cuando escuchaba el sermón del párroco era evidente que le prestaba la atención que se debe prestar a la palabra de Dios. Y cuando sonaba el nombre de Santa Teresa, me decía por lo bajo:”Fíjate, mi reina: están hablando de tu santa patrona”. Un día me llevó también al locutorio del Carmelo. Y me enseñó las rejas de la clausura".

lunes, 7 de diciembre de 2009

Del matrimonio a la gloria...


Se ha puesto de relieve como enaltecen los hijos a los padres, especialmente si los hijos son santos (Bengoechea) y no es de extrañar por aquello del cuarto mandamiento, y la agradecida piedad de sus corazones filiales. Pero en el caso de Luis y Zélie escribe Bengoechea “no han sido solo sus hijas, sino mucha gente y la misma Iglesia quienes los tienen por muy buenos cristianos y hasta dignos de ser elevados a los altares”. Allí estarán sin duda, pues la Iglesia busca ejemplos de vida laica cristiana para ofrecer a sus fieles.