viernes, 11 de junio de 2010


Louis y Zélie realmente se comprometieron en su sacramento del matrimonio para vivir e irradiar el amor de Dios. Busco la unidad de toda la vida, con una fecundidad hermosas. Ponen generosamente al servicio de todos por el bien común en la Iglesia y el mundo, dejando siempre a Dios el único lugar que vale la pena, la primera . Y podemos acabar dejando la palabra al Sr.Martín su conclusión de una carta a su esposa, que expresa maravillosamente la calidad general de relación de los esposos: "Tu marido y verdadero amigo que te quiere de por vida!"

P. Antoine-Marie Leduc, o.c.d.

sábado, 5 de junio de 2010

¿Qué es lo que fascina de los esposos Martin?


Sin duda fascina la valentía de esta familia que, después de diecinueve años de matrimonio, ante la crisis económica que afligía a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, halló la fuerza de dejar Alençon y trasladarse a Lisieux, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, "emigrantes" en busca de lo que pudiera hacer más bella la vida y concreta la esperanza. Hay una belleza que emana de su trabajo artesanal emprendedor: Luis Martín, como relojero y joyero; y Celia Guérin, como pequeña empresaria de una taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes tenían necesidad. Su casa no fue una isla feliz en medio de la miseria, sino un espacio de acogida, comenzando por sus obreros.


El matrimonio Martin nos recuerda que existe una ética que debe imbuir la vida de los empresarios, poniendo en el centro el valor de la persona humana (cf. Populorum progressio, 42-44). Anima su testimonio cristiano de laicos, vivido dentro y fuera de las paredes del hogar, a través de la belleza de su vida, la fascinación de los sentimientos, la transparencia del amor, sabiendo dedicarse tiempo, porque "el amor no es un trabajo para hacer de prisa" (M. Noëlle). El compromiso eclesial de los esposos Martin recuerda que "la futura evangelización depende, en gran parte, de la iglesia doméstica" (Familiaris consortio, 52), y tiene el sabor de la ternura.


Reproducido con autorización de Vatican.va

miércoles, 2 de junio de 2010

Celia...


41 Ante la muerte repentina de su hija Elena a los 5 años y media de edad, escribe: "El caso me hizo una impresión que jamas olvidaré; por mi parte no esperaba este desenlace brusco; ni tampoco mi marido. Cuando entró y vió muerta a su pobrecita hija se echo a llorar, suspirando: '¡Elenita mía! ¡Elenita mía!'. A continuación los dos juntos la ofrecimos a nuestro bondadoso Dios... Antes de enterrarla, pasé la noche junto a ella; estaba más bella muerta que viva. Fui yo quien la amortajé y recliné en la caja; creí entonces que me moría... " (Carta a su hermano y cuñada, 24 feb 1870. citada en E.J. Piat, op.cit., 125.

jueves, 27 de mayo de 2010


“Estos nuevos beatos han acompañado y compartido, con su oración y su testimonio evangélico, el camino de su hija llamada por el Señor a consagrarse a Él sin reservas entre las paredes del Carmelo“, explicó el Papa desde el Santuario de Pompeya, cerca de Nápoles (Italia).

“Con su vida de matrimonio ejemplar han anunciado e Evangelio de Cristo -añadió el Papa hablando en francés–. Han vivido ardientemente su fe y la han transmitido en su familia y a su alrededor“.

“Que su oración común sea fuente de alegría y de esperanza para todos los padres y todas las familias”, deseó.

El ejemplo de amor de los nuevos beatos el Papa lo sintetizó con una expresión escrita por su hija: “En el corazón de la Iglesia, mi madre, seré el amor“.

miércoles, 19 de mayo de 2010


La primacía de Dios en la familia Martín da resultados concretos, no sólo mediante la oración, sino también por su estilo de vida: la fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia Católica, el trabajo honesto, la justicia y la caridad en las mismas relaciones con los empleados, la regularidad participación en las peregrinaciones litúrgicos, y el compromiso de los movimientos católicos, especialmente para M.Martín.


P. Antoine-Marie Leduc, o.c.d.

sábado, 15 de mayo de 2010


Si la familia Martin confiaba en la Divina Providencia, no fue porque no sabían ganarse la vida a fuerza de sacrificios con el trabajo cotidiano: Luis era muy trabajador y buen negociante (también escrupuloso observador del descanso dominical); Celia destacaba en su capacidad y habilidad en el trabajo, pero también por las virtudes de compasión y solidaridad para con las obreras que trabajaban en su taller (solía visitar a las enfermas en sus casas los domingos) y las chicas que trabajaban en su hogar, (haciendo el trabajo que les tocaba cuando se enfermaban, tratándolas de "hermana", velando por su formación moral...). Y de lo mucho o poco que tenían, los dos estaban siempre prestos a compartir.

fuente: autorescatolicos.org

miércoles, 5 de mayo de 2010


En la casa de Martin, los niños aprendieron de sus padres el camino de la rectitud. Louis y Zélie fueron conscientes de su autoridad como padres, pero fue a través de su testimonio, que llegaron a la obediencia y devoción de sus cinco hijas. Céline declaró más tarde: "Nunca oí uno de nosotros en casa dicen una palabra falta de respeto a nuestros padres, ni siquiera un uno fuera de la mano ... ¡Hemos obedecido del amor. "
Luis podría estar enojado, pero él nunca fue violento hacia sus hijas.