miércoles, 30 de marzo de 2011


Luis y su esposa se proponen vivir como hermano y hermana, siguiendo el ejemplo de San José y de la Virgen María. Diez meses de vida en común en total continencia hacen que sus almas se fundan en una intensa comunión espiritual, pero una prudente intervención de su confesor y el deseo de proporcionar hijos al Señor les mueven a interrumpir aquella santa experiencia. Celia escribirá más tarde a su hija Paulina: «Sentía el deseo de tener muchos hijos y educarlos para el Cielo». En menos de trece años tendrán nueve hijos, y su amor será hermoso y fecundo.

domingo, 20 de marzo de 2011


Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz dará testimonio de la manera concreta en que su padre vivía el Evangelio: «Lo que más me llamaba la atención eran los progresos en la perfección que hacía papá; a imitación de San Francisco de Sales, había conseguido dominar su natural vivacidad, hasta el punto que parecía que poseía la naturaleza más dulce del mundo... Las cosas de este mundo apenas parecían rozarle, y se recuperaba con facilidad de las contrariedades de la vida».

viernes, 4 de marzo de 2011


En medio de los mayores desasosiegos, la confianza de Celia se ve fortificada por la demostración de fe de su esposo, en particular por su estricta observancia del descanso dominical: Luis nunca abre la tienda los domingos. Es el día del Señor, que se celebra en familia; primero con los oficios de la parroquia y luego con largos paseos; los niños disfrutan en las fiestas de Alençon, jalonadas de cabalgatas y de fuegos artificiales.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Celia y Luis: un amor hermoso


«Un amor que no es «hermoso», es decir, un amor que queda reducido a la satisfacción de la concupiscencia, o a un «uso» mutuo del hombre y de la mujer, hace que las personas lleguen a ser esclavas de sus debilidades» (Carta a las familias, 13). Desde ese punto de vista, las personas son utilizadas como si fueran cosas: la mujer puede llegar a ser un objeto de deseo para el hombre, y viceversa; los hijos, una carga para los padres; la familia, una institución molesta para la libertad de sus miembros. Nos encontramos entonces en las antípodas del verdadero amor.

«Al buscar sólo el placer, podemos llegar a matar el amor, y a matar sus frutos, dice el Papa. Para la cultura del placer, el fruto bendito de tu seno» (Lc 1, 42) se convierte en cierto sentido en un «fruto maldito», es decir, no deseado, que se quiere suprimir mediante el aborto. Esa cultura de muerte se opone a la ley de Dios: «Respecto a la vida humana, la Ley de Dios carece de equívocos y es categórica. Dios nos ordena: No matarás (Ex 20, 13). Así pues, ningún legislador humano puede afirmar: Te está permitido matar, tienes derecho a matar, deberías matar» (Ibíd., 21).

«Sin embargo, añade el Papa, constatamos cómo se está desarrollando, sobre todo entre los jóvenes, una nueva conciencia por el respeto a la vida a partir de la concepción... Es un germen de esperanza para el futuro de la familia y de la humanidad» (Ibíd.). Así es; pues en el recién nacido se realiza el bien común de la familia y de la humanidad. Los esposos Martin experimentan esa verdad al recibir a sus numerosos hijos: «No vivíamos sino para nuestros hijos; eran toda nuestra felicidad y solamente la encontrábamos en ellos», escribirá Celia.

Sin embargo, su vida conyugal no está carente de pruebas. Tres de sus hijos mueren prematuramente, dos de ellos eran los varones; después fallece de repente María Helena, de cinco años y medio. Plegarias y peregrinaciones se suceden en medio de la angustia, en especial en 1873, durante la grave enfermedad de Teresa y la fiebre tifoidea de María. En medio de los mayores desasosiegos, la confianza de Celia se ve fortificada por la demostración de fe de su esposo, en particular por su estricta observancia del descanso dominical: Luis nunca abre la tienda los domingos. Es el día del Señor, que se celebra en familia; primero con los oficios de la parroquia y luego con largos paseos; los niños disfrutan en las fiestas de Alençon, jalonadas de cabalgatas y de fuegos artificiales.

La educación de los hijos es a la vez alegre, tierna y exigente. En cuanto tienen uso de razón, Celia les enseña a ofrecer su corazón al Señor cada mañana, a aceptar con sencillez las dificultades diarias «para contentar a Jesús». Esta será la marca indeleble y la base de la «pequeña vía» que enseñará su benjamina, la futura Santa Teresita.

«El hogar es así la primera escuela de vida cristiana», como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (Catecismo, 1657). Luis ayuda a su esposa en sus tareas con los niños: sale a las cuatro de la madrugada en busca de una nodriza para uno de los más pequeños, que está enfermo; acompaña a su mujer a diez kilómetros de Alençon durante una noche helada hasta la cabecera de su primer hijo, José; cuida a su hija mayor, María, cuando padece la fiebre tifoidea, a la edad de trece años, etc.

sábado, 29 de enero de 2011


En las primeras páginas de su infancia Teresa recuerda: "Dios me concedió el favor de abrir mi inteligencia a una edad temprana y de la impronta recuerdos de la niñez profundamente en mi memoria. Jesús en su amor, quería, que yo supiera la madre sin igual que Él me había dado, pero que su mano se apresuró a la corona en el Cielo. "

Santa Teresa tenía sólo 4 años y medio cuando murió su madre, pero ella la recordaba con claridad para el resto de su vida, ella reconoció la influencia que tenía en ella durante los primeros años y recordó en particular los detalles de su enfermedad y sus últimas semanas en la tierra .

viernes, 21 de enero de 2011

Un gran honor...


La vida en los «Buissonnets», la nueva casa de Lisieux, resulta más austera y retirada que en Alençon. La familia mantiene pocas relaciones, y cultiva el recuerdo de la persona a la que el señor Martin sigue designando con el nombre de «vuestra santa mamá». Las más jovencitas son confiadas a las Benedictinas de Nuestra Señora del Prado. Pero Luis sabe procurarles distracciones: sesiones teatrales, viajes a Trouville, estancia en París, etc., intentando que, a través de todas las realidades de la vida, encuentren la gloria de Dios y la santificación de las almas.

Su santidad personal se revela sobre todo en la ofrenda de todas sus hijas, y después de sí mismo. Celia ya preveía la vocación de las dos mayores, pues Paulina ingresaba en el Carmelo de Lisieux en octubre de 1882, y María en octubre de 1886. Al mismo tiempo, Leonina, de difícil temperamento, inicia una serie de infructuosos intentos; en primer lugar en las Clarisas, y luego en la Visitación, donde, tras dos intentos fallidos, acabará ingresando definitivamente en 1899. Teresa, la benjamina, la «pequeña reina», conseguirá vencer todos los obstáculos hasta ingresar en el Carmelo a los 15 años, en abril de 1888. Dos meses después, el 15 de junio, Celina revela a su padre que también ella siente la llamada de la vida religiosa. Ante aquel nuevo sacrificio, la reacción de Luis Martin es espléndida: «Ven, vayamos juntos ante el Santísimo a darle gracias al Señor por concederme el honor de llevarse a todas mis hijas».

sábado, 8 de enero de 2011

Leonia -notas cronológicas-


03.06.1863 Nacimiento de Leonia, tercera hija de los Martin, en Alençon.
23.05.1875 Primera Comunión en Ntra Sra de Alençon.
18.06.1877 Acompaña a su madre enferma a Lourdes con María y Paulina.
03.10.1881 Termina sus estudios en las Benedictinas de Lisieux donde había estado como pensionista. Tiene 18 años.
13.05.1883 Curación milagrosa de Teresa por la Virgen en presencia de Leonia.
14.06.1884 Madrina de confirmación de Teresa.
07.10.1886 Durante una estancia del Sr. Martin y sus cuatro hijas en Alençon, primer ensayo de vida religiosa en las Clarisas. Sólo estará dos meses.
16.07.1887 A los 24 años entra en la Visitación de Caen.
06.01.1888 Leonia deja la Visitación de Caen donde ha permanecido solo seis meses.
10.01.1889 Asiste a la toma de hábito de Teresa con el Sr Martin y Celina.
12.02.1889 El Sr. Martin es internado en el Buen Salvador de Caen donde estará más de tres años. Leonia y Celina lo visitan regularmente.
24.06.1893 Segunda entrada en la Visitación de Caen.
06.04.1894 Toma de hábito con el nombre de Sor María Dositea.
20.07.1895 Después de dos años en la Visitación de Caen Leonia, de 32 años, vuelve a Lisieux donde vive con los Guerin en Lisieux.
17.07.1897 Ultima carta de Teresa a Leonia en la que le asegura que será visitandina.
04.10.1897 Entierro de Teresa. Leonia preside el duelo.
28.01.1899 Tercera entrada de Leonia en la Visitación de Caen a los 35 años y medio. Será la definitiva.
30.06.1899 Nueva toma de hábito de Leonia, esta vez con el nombre de Sor Francisca Teresa, en la Visitación de Caen.
02.07.1900 Profesión en la Visitación de Caen.
08.1910 Leonia es testigo en el proceso informativo de la Causa de Beatificación de Teresa, en Bayeux.
09.1915 Encuentro de las tres hermanas en el Carmelo de Lisieux con motivo del Proceso Apostólico de la Beatificación de Teresa.
29.04.1923 Beatificación de Sor Teresa del Niño Jesús.
16.06.1941 Muere en la Visitación de Caen a los 78 años.
11.03.1945 La urna de las reliquias de Teresa llega a la Visitación de Caen a la vuelta de los actos que tuvieron lugar en París, en honor de Santa Teresita, Patrona de Francia, para visitar los restos mortales de Leonia en la cripta. Desde hace unos 15 años, esta cripta está abierta a los numerosos peregrinos que vienen a rezar ante la tumba de Leonia
.