domingo, 27 de diciembre de 2009
Sobre su beatificación...
viernes, 11 de diciembre de 2009
Santa Teresita de su padre...

lunes, 7 de diciembre de 2009
Del matrimonio a la gloria...

sábado, 28 de noviembre de 2009
Cartas...

"Mi querido Luis. Cuando recibas esta carta, estaré ocupada en arreglar tu establecimiento; no te preocupes; no perderé nada, ni siquiera un viejo cuadradillo, ni un cachito de muelle, en fin nada, y quedará limpio de arriba abajo! No dirás que 'únicamente he desplazado de lugar el polvo' porque de él no quedará ni rastro (...]. Te abrazo de todo corazón. Hoy me siento tan feliz al pensar que volveré a verte, que no puedo ni trabajar. Tu esposa que te ama más que la propia vida' (Celia, 1869). No veo la hora de volver a tu lado, querido Luis, y hasta siento que se redobla mi cariño al faltarme tu presencia; no puedo vivir alejada de ti.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Beatos Luis y Celia

miércoles, 11 de noviembre de 2009
La eficacia de la vocación...

domingo, 1 de noviembre de 2009
Santa Teresita de su papá

jueves, 29 de octubre de 2009
Desde el ejemplo de los esposos Martín-Guerín

lunes, 26 de octubre de 2009
lunes, 19 de octubre de 2009
Beatificación de Zélie et Louis Martin

BIENAVENTURADOS LUIS Y CELIA MARTIN
Hace 150 años, Luis y Celia Martin, padres de Teresita, se unían en matrimonio en Alençon y decidieron realizar su propio proyecto de vida constituyendo una gran familia.
Para vivir su amor, tuvieron que renunciar a sus anteriores aspiraciones de vocación a la vida religiosa . Integraron en su vida de pareja, como muchos contemporaneos suyos, la participación intensa, activa, regular y ardiente en la vida de la Iglesia. Se nutrieron de los Sacramentos,se implicaron en su parroquia y dedicaron un tiempo cada día a la oración compartida, al recogimiento, a la meditación y al ritmo respetuoso y discreto de la vida personal de cada uno. No dejaron jamás de recibir el sacramento de la Reconciliación según lo recomendado por la Iglesia y de vivir la gracia recibida. Unidos en la confianza de vivir el camino ordinario de la santifición como pareja, dieron vida a nueve hijos trabajando cada uno en su profesión .
Las pruebas familiares marcaron su vida y purificaron su fe, afianzando su confianza en el Señor. Llevaron una vida de trabajo intenso y probado. Afrontaron la enfermedad y la muerte de cuatro de sus queridos hijos, fallecidos con muy pocos años. Sólo les vivieron cinco hijas de las que Teresa , la benjamina, será la más concida por su cumpliento de la doctrina del Evangelio en su vida y por su irradiación misionera.
Cinco años después de su matrimonio, en 1850, Luis y Celia crean su propia empresa de encaje de Alençon. Luis trabajó con su esposa. Se ingenió para llevar al encaje las nuevas corrientes, los nuevos modelos Los resultados fueron extraordinarios. Había que encontrar nuevos mercados. Por esto viajó frecuentemente de Alençon a París para buscar nuevos clientes, conservar los existentes y asegurar el buen desarrollo de la producción de Celia y de sus empleadas. Durante este periodo trapasó su relojería a su sobrino Adolfo Leriche. Luis y Celia dejaron la casa de la calle Puente Nuevo de Alençon e instalaron sus actividades en la calle San Blas.
Celia asumió, con un coraje extraordinario su responsabilidad maternal, su compromiso profesional y su doloroso combate contra el cáncer que la llevaría a la muerte el 28 de agosto de 1877. Tenía 46 años y dejaba a su marido-del que conocía su fragilidad- y a sus cinco hijas. La mayor, María, no tenía mas que 17 años y la pequeña, Teresita, cuatro y medio. Para esta se acababa el periodo de Alençon y se abría el de Lisieux.
En esta familia corriente, iluminada por la fe, confrontada a los azares de la vida, minada por la enfermedad emergen, se afirman y se desarrollan las respuestas y las vocaciones de sus hijas. Cuatro escogieron el mismo Carmelo : el de Lisieux. Leonía el de la Visitación de Caen.
La beatificación de los padres descubrirá la vida de esta pareja tan atenta a inscribir su respuesta cotidiana en el compromiso con sus hijos y en el crecimiento espiritual de cada unode ellos. Pasarán por momentos muy dolorosos en su vida pero su fe, llena de paz, humilde , ardiente y enraizada en la Iglesia les permitirá aceptarlos en paz.Llena de inmenso amor filial, Teresita no vacila en escribir al abate Bellière dos meses antes de su muerte : " Dios me dio un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra. Pidieron al Señor que les diera muchos hijos y que los tomara para sí. Su deseo fue escuchado: cuatro angelitos volaron al cielo y las cinco hijas que quedaron en la arena tomaron por esposo a Jesús ".
Estamos en buena compañía.
Texto de Mons. Pedro PICAN,
obispo de Bayeux y Lisieux
jueves, 1 de octubre de 2009
EL FUNERAL EN ALENÇON

jueves, 20 de agosto de 2009

miércoles, 24 de junio de 2009

viernes, 19 de junio de 2009

Pero la intensa felicidad familiar de los Martin no debía durar demasiado tiempo. A partir de 1865, Celia se percata de la presencia de un tumor maligno en el pecho, surgido después de una caída contra el borde de un mueble. Tanto su hermano, que es farmacéutico, como su marido no le conceden demasiada importancia; pero a finales de 1876 el mal se manifiesta y el diagnóstico es concluyente: «tumor fibroso no operable» a causa de su avanzado estado. Celia lo afronta hasta el final con toda valentía; consciente del vacío que supondrá su desaparición, le pide a su cuñada, la señora Guérin, que, después de su muerte, ayude a su marido en la educación de los más pequeños.
Su muerte acontece el 28 de agosto de 1877. Para Luis, de 54 años de edad, supone un abatimiento, una profunda llaga que sólo se cerrará en el Cielo. Pero lo acepta todo, con un espíritu de fe ejemplar y con la convicción de que su «santa esposa» está en el Cielo.
jueves, 11 de junio de 2009
¡ Un gran honor !

Las más jovencitas son confiadas a las Benedictinas de Nuestra Señora del Prado.
Su santidad personal se revela sobre todo en la ofrenda de todas sus hijas, y después de sí mismo. Celia ya preveía la vocación de las dos mayores, pues Paulina ingresaba en el Carmelo de Lisieux en octubre de 1882, y María en octubre de 1886.
Teresa, la benjamina, la «pequeña reina», conseguirá vencer todos los obstáculos hasta ingresar en el Carmelo a los 15 años, en abril de 1888. Dos meses después, el 15 de junio, Celina revela a su padre que también ella siente la llamada de la vida religiosa. Ante aquel nuevo sacrificio, la reacción de Luis Martin es espléndida: «Ven, vayamos juntos ante el Santísimo a darle gracias al Señor por concederme el honor de llevarse a todas mis hijas».
La vocación es ante todo una iniciativa divina, pero una educación cristiana favorece la respuesta generosa a la llamada de Dios:
domingo, 7 de junio de 2009
MUERTE DE CELIA

En la noche del 26 de agosto de 1877, Luis Martín se dirigio a la iglesia de “Nuestra Señora” en busca de un sacerdote y el mismo quizo escoltar el bendito sacramento.
La familia entera se encontraba reunida alrededor del lecho de muerte de Celia. Sus corazones latían en una misma oración. Teresa recuerda: “La ceremonia de los santos óleos esta profundamente impresa en mi alma. Aún recuerdo el lugar exacto donde me encontraba junto a Celina. Estábamos alienadas de acuerdo a nuestra edad. Papá se encontraba ahí también, sollozando.”
El sacramento fue suministrado mientras la paciente sufría silenciosamente. La Sra. Martín cayó entonces en una especie de coma. Ella estaba destruida, sus piernas y brazos se habían hinchado, imposible mover su cuerpo, imposible hacer que ella oyera algo. Fue necesario interpretar sus pensamientos leyendo los apenas perceptibles movimientos de sus labios. No obstante, sus ojos aún hablaban. Cuando, al día siguiente convocados por una carta de su hija María, el Señor y la Señora Guérin (hermano y cuñada de Celia) entraron a su habitación, ella los recibió con una sonrisa y estrecho en sus brazos durante largo tiempo a su cuñada dirigiéndole una mirada profunda como diciéndole que en ella colocaba sus esperanzas y su gratitud.
Después, ella tuvo una hemorragia. Era la madrugada del martes 28 de agosto de 1877, exactamente 30 minutos después de la media noche, después de una corta agonía, la Sra. Martín murió serenamente.
Inmediatamente, avisaron a las hijas mayores quienes fueron tranquilizadas por la monja enfermera, quien habia dejado a la Sra. Martin a las 9:00 de la mañana. Paulina, quien se había refugiado en una pequeña habitación en el jardin arriba de la lavandería, se dirigió bañada en llanto a las dos pequeñas (Celina y Teresa) aunque tampoco quería interrumpir sus sueños. Ella aún tardo en darles la triste noticia hasta bien entrada la mañana.
El Sr. Martín llevó a Teresa al lecho de muerte de su madre. Ella cuenta la escena: “Papá me llevó en brazos y me dijo: ven a besar a tu pobre mamita por última vez. Sin decir una sola palabra, puse mis labios en la frente fría de mi querida madre.
Ella parecía dormir. A pesar de que casi había alcanzado sus 46 años de edad, lucía más joven. El rostro, consumido y esculpido por el dolor, había tomado una majestuosa expresión de majestad y juventud. Una extraña atmosfera de recogimiento y absoluta calma envolvía la habitación.” El Señor Martín y sus hijas no se cansaban de contemplar el cuerpo de quien había luchado tanto y que ahora ya descansaba.
Teresita nos dio en su autobografía su propio testimonio de este día oscuro en su vida. Ella tenía entonces cuatro años y medio:
“No recuerdo haber llorado mucho ni tampoco haber hablado con nadie sobre mis sentimientos al respecto…Miraba y oía en silencio. Nadie tenía mucho tiempo para prestarme atención y yo vi muchas cosas que ellos debieron haberme ocultado…En lugar de ello, yo estaba parada junto al ataúd…el cual habia sido colocado en el hall. Estuve ahí parada, mirando un largo rato. Aunque nunca había visto un ataúd, entendía de que se trataba. Yo era muy pequeñita y a pesar de la corta estatura de mi madre, tuve que levantar mi cabeza para verla en su totalidad. Me pareció tan larga y triste…”.
lunes, 1 de junio de 2009

Publicado en BT, p. 291s. Los textos del recordatorio de la muerte del señor Martin,
miércoles, 27 de mayo de 2009
Una intervención misteriosa facilitó el mutuo encuentro. Cierto día, que Celia atravesaba el Puente de San Leonardo, se cruzó con un hombre cuya noble fisonomía, porte reservado la impresionaron. Entonces una voz interior le decía secretamente: "Este es el hombre predestinado para ti". Discretamente se enteró de quién era y comenzó a conocer a Luis Martin.
Los dos jóvenes no tardaron en gustarse y se enamoraron enseguida. Después de tres meses del primer encuentro se comprometieron y el 13 de julio de 1858 sellaron su amor en santo matrimonio.
La boda se realizó en la espléndida iglesia de Nuestra Señora, a la media noche, en la mayor intimidad y sellada con tal destino iba aquella unión de la que había de nacer la Santa de Lisieux.
Los jóvenes esposos se instalaron en la casa de la calle del Puente Nuevo, la casa de los padres de Luis Martin. Celia trasladó su taller a la nueva casa. Allí vivirá muy cerca de los suyos, no separándola de la calle de San Blas sino un corto trayecto de la Grande-Rue.
Luis y Celia habían conversado acerca de su vida matrimonial. Luis, le confió sus deseos de vivir con ella al modo de la mártir Cecilia y Valeriano, convivencias plenamente fraternales en las que, trascendiendo el dominio de los sentidos, únicamente las almas se unen para ir a la par hacia Dios con todo el dinamismo de un amor divinamente purificado.
¿Tenía Celia los mismos puntos de vista que su esposo?. Desde que hubo de renunciar su esperanza de hacerse religiosa, se había despertado en ella un poderoso instinto de maternidad. Su ambición era un día ser madre de muchos hijos, la de santificarles y llevarles hasta Dios.
En esa época, siglo XIX, las jovenes se enteraban de las "cosas de la vida", por casualidad o por charlas con sus esposos. El conocimiento de Celia en este aspecto, del misterio de la vida, era muy incompleto.
En estas condiciones se comprende que un alma, limpia como el cristal, haya podido acercarse al matrimonio sin haber sido antes informada de todos los deberes y de todas las responsabilidades que lleva anejas.
La revelación total ocurrida en esta época provocó en Celia un espanto púdico antes las exigencias de la carne y le inclinó a corresponder a las aspiraciones de su marido.
Poco después de la boda, fueron de visita al convento donde se encontraba la hermana mayor de Celia.
Esta primera visita al monasterio, avivó en Celia la nostalgia del claustro y le hizo derramar lágrimas amargas. Así lo expresaba en una carta, años después a su hija Paulina:
"Puedo decirte que aquel día lloré todas mis lágrimas, más que cuanto había llorado en mi vida, hasta mi pobre hermana no sabía como consolarme. A pesar de todo no tuve pena de verme allí, no; al contrario, hubiera querido verme yo como ella; comparaba mi vida con la suya y se aumentaba mi llanto. En fin, durante mucho tiempo estuve en espíritu y con mi corazón en la Visitación; con frecuencia iba a ver a mi hermana y reinaba allí una serenidad y una paz que no sabría expresar.¿Piensas, Paulina mía, tú que tanto amas a tu padre, que le revelé mi aflicción y llegué a entristecerle el día de nuestro desposorio? Pues no; él me comprendía y me consolaba cuanto podía, porque tenía aspiraciones semejantes a las mías; aun creo que nuestro recíproco sentimiento se aumentó por esto, nuestros afectos vibraban siempre al unísono y se portó siempre conmigo como un consolador y un apoyo"
sábado, 23 de mayo de 2009
De Luis y de Celia ...
Luis Martin nació en Burdeos el 22 de agosto de 1823, segundo hijo de una familia de cinco hermanos. Su padre, militar de carrera, se encuentra por esa época en España; los primeros años de infancia de los hermanos Martin transcurren a merced de las guarniciones de su padre: Burdeos, Aviñón y Estrasburgo (Francia). Llegada su jubilación, en diciembre de 1830, el capitán Martin se establece en Alençon, en Normandía. Durante su actividad de militar había destacado por su piedad ejemplar. En una ocasión, al decirle el capellán de su regimiento que, entre la tropa, se extrañaban de que, durante la Misa, permaneciera tanto tiempo de rodillas después de la consagración, él respondió sin pestañear: «¡Dígales que es porque creo!».
Tanto en el seno de su familia como con los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Luis recibe una fuerte educación religiosa. Al contrario de la tradición familiar, no escoge el oficio de las armas, sino el de relojero, que casa mejor con su temperamento meditabundo y silencioso, y con su gran habilidad manual. Primeramente aprende el oficio en Rennes y, luego, en Estrasburgo.
En el umbral del otoño de 1845, Luis toma la decisión de entregarse por completo a Dios, por lo que se encamina al Hospicio de San Bernardo el Grande, en el corazón de los Alpes, donde los canónigos consagran su vida a la oración y a rescatar a los viajeros perdidos en la montaña. Se presenta ante el prior, quien le insta a que regrese a su casa a fin de completar sus estudios de latín antes de un eventual ingreso en el noviciado. Tras una infructuosa tentativa de incorporación tardía al estudio, Luis, muy a pesar suyo, renuncia a su proyecto. Para perfeccionar su instrucción, se marcha a París, regresando e instalándose a continuación en Alençon, donde vive con sus padres. Lleva una vida tan ordenada que sus amigos dicen : «Luis es un santo».
Tantas son sus ocupaciones que Luis ni siquiera piensa en el matrimonio. A su madre le preocupa, pero en la escuela de encajes, donde ella asiste a clase, se fija en una joven, hábil y de buenos modales. ¿Y si fuera la «perla» que ella desea para su hijo? Aquella joven es Celia Guérin, nacida en Gandelain, en el departamento de Orne (Normandía), el 23 de diciembre de 1831, la segunda de tres hermanos. Tanto el padre como la madre son de familia profundamente cristiana. En septiembre de 1844 se instalan en Alençon, donde las dos hermanas mayores reciben una esmerada educación en el internado de las Religiosas del Sagrado Corazón de Picpus.
Celia piensa en la vida religiosa, al igual que su hermana mayor, que llegará a ser sor María Dositea en la Visitación de Le Mans. Pero la superiora de las Hijas de la Caridad, a quien Celia solicita su ingreso, le responde sin titubear que no es ésa la voluntad de Dios. La joven se inclina ante tan categórica afirmación, aunque no sin tristeza. Pero un hermoso optimismo sobrenatural la hace exclamar: «Dios mío, accederé al estado de matrimonio para cumplir con tu santa voluntad. Te ruego, pues, que me concedas muchos hijos y que se consagren a ti». Celia entra entonces en una escuela de encajes con objeto de perfeccionarse en la confección del punto de Alençon,
técnica de encaje especialmente célebre. El 8 de diciembre de 1851, festividad de la Inmaculada Concepción, tiene una inspiración: «Debes fabricar punto de Alençon». A partir de ese momento se instala por su cuenta.
Un día, al cruzarse con un joven de noble fisonomía, de semblante reservado y de dignos modales, se siente fuertemente impresionada, y una voz interior le dice: «Este es quien he elegido para ti». Pronto se entera de su identidad; se trata de Luis Martin. En poco tiempo los dos jóvenes llegan a apreciarse y a amarse, y el entendimiento es tan rápido que contraen matrimonio el 13 de julio de 1858, tres meses después de su primer encuentro. Luis y su esposa se proponen vivir como hermano y hermana, siguiendo el ejemplo de San José y de la Virgen María. Diez meses de vida en común en total continencia hacen que sus almas se fundan en una intensa comunión espiritual, pero una prudente intervención de su confesor y el deseo de proporcionar hijos al Señor les mueven a interrumpir aquella santa experiencia. Celia escribirá más tarde a su hija Paulina: «Sentía el deseo de tener muchos hijos y educarlos para el Cielo». En menos de trece años tendrán nueve hijos, y su amor será hermoso y fecundo.
jueves, 14 de mayo de 2009
Hogar y Escuela...

martes, 12 de mayo de 2009
LA NIÑA CELIA ...

jueves, 30 de abril de 2009
MATRIMONIO MARTIN...una aureola para dos!

Fue el Papa Juan Pablo II quien unió la causa de beatificación de los esposos Martín, declarándolos venerables en 1994.
En la pequeña villa de Alençon, Louis Martin era joyero-relojero y Zélie, nacida Guérin, era encajera, del famoso punto de Alençon. Fervientes cristianos, de una caridad concreta y efectiva, tuvieron nueve hijos. La mortalidad infantil, muy elevada durante finales del siglo XIX les arrebató 4 de ellos, entre los cuales los dos chicos. Trabajaron duro para dotar a sus cinco hijas.
La última de sus hijas, Teresa, nació cuando Celia tenía 41 años y fue alimentada por la nodriza Rosa de Semaillé.El cáncer de pecho, acompañado de grandes sufrimientos, llevó al otro mundo a Celia cuando Teresa sólo tenía 4 años y medio. Esto fue el 28 de agosto de 1877. Pero Teresa pudo recordar sus primeros años llenos de amor y alegrías familiares.
Toda la familia sufrió enormemente la pérdida de la madre, pero especialmente Teresa, a quien le costó diez años reponerse de ella.Viudo con cinco hijas menores de edad, Louis Martin hizo el sacrificio de trasladarse a Lisieux, para educar a sus hijas con la ayuda de sus cuñados, el matrimonio formado por el farmacéutico Isidoro Guérin y su esposa Celina.
Louis vivió 17 años más y también conoció la "pasión" de una enfermedad que se prolongó unos seis años. Él había consentido a las vocaciones religiosas de sus cinco hijas.
viernes, 3 de abril de 2009
EL DINAMISMO QUE DA EL AMOR

y Luis destaca en el aspecto comercial
los beneficios de la empresa.
Además, los esposos Martin
martes, 24 de marzo de 2009
CUADERNOS DE LUIS ...

que certifica, a la par de su formacion tecnica
la actividad estudiantil de nuestro heroe.
Lo integran dos cuadernos grandes conteniendo,
un florilegio autografo de composiciones escogidas por el
y reunidas bajo el titulo de FRAGMENTS LITTÉRAIRES.
Tienen presentacion perfecta, excelente papel,
TODO EN ELLOS REVELA ORDEN, LIMPIEZA Y METODO.
La seleccion de poesias y prosas es eclectica y desconcertante.
Alli se agrupan autores modernos y antiguos;
la brillantez del tema y la alteza de los sentimientos
Fenelon, La Martine y Chateaubriand son sus autores favoritos.
Sin ser victima del "mal del siglo", gusta de citar el epitafio
final de las tumbas campestres.
"Aqui descansa al abrigo del mundanal ruido
el que fue mucho tiempo juguete de su furor
Amó de los bosques la soledad callada
Y nido de melancolia fue su corazon"
jueves, 12 de marzo de 2009
CARTA DE LA MAMÁ DE Ntro AMADO BEATO

Su mama respondia las entusiastas cartas de Luis con otras
en las que con tono sentimental propio de la epoca
le daba consejos prudentes.
En la carta del 23 de agosto de 1892,
comunicandole sus votos onomasticos, le decia:
"Mi querido hijo: ¡Eres el ensueño de mis desvelos y el iman de mis recuerdos!
Con mayor concision usa el padre del mismo lenguaje
y antepone a su dictado el de una franca profesion de fe:
"¡Dios sea glorificado y amado siempre sobre todas las cosas! "
lunes, 9 de marzo de 2009
CARTA DEL CAPITAN MARTIN ...

La siguiente carta de felicitacion del Capitan Martin (el abuelo de Teresita)dirigida a M. Nicolas Moulin, que por su futuro matrimonio habia de ser su sobrino, nos evoca los sentimientos que ambientaban el hogar del Sr Martin:
"Alabado sea Jesucristo
Aleçon a 7 de agosto de 1838
Señor: He recibido vuestra carta la cual me certifica que, a la par de mi remesa, os ha llegado la licencia para vuestro desposorio. Gracias a Dios, una preocupacion se ha verificado, al fin, del mejor modo que me era posible; ante todo suplico con toda mi alma que nuestro divino Maestro quiera bendecir su enlace con mi amadisima sobrina y que seais tan dichosos como se puede lograr en este mundo y que, al expirar, Dios los reciba en su misericordia y los cuente en el numero de sus bienaventurados para siempre... Dad recuerdos, si gustais, a vuestros estimados padres y demas familia.
Saludandolos amistosamente...
Muy suyo en Jesus y Maria
Martin "
No hemos podido colocar fotos de Don Pedro Martin,
por lo cual pusimos a Don Luis rodeado de sus deudos
lunes, 2 de marzo de 2009
NOSTALGIA DE CELIA

Esta primera visita al monasterio, avivó en Celia la nostalgia del claustro y le hizo derramar lágrimas amargas. Así lo expresaba en una carta, años después a su hija Paulina:
"Puedo decirte que aquel día lloré todas mis lágrimas, más que cuanto había llorado en mi vida, hasta mi pobre hermana no sabía como consolarme. A pesar de todo no tuve pena de verme allí, no; al contrario, hubiera querido verme yo como ella; comparaba mi vida con la suya y se aumentaba mi llanto. En fin, durante mucho tiempo estuve en espíritu y con mi corazón en la Visitación; con frecuencia iba a ver a mi hermana y reinaba allí una serenidad y una paz que no sabría expresar.
¿Piensas, Paulina mía, tú que tanto amas a tu padre, que le revelé mi aflicción y llegué a entristecerle el día de nuestro desposorio? Pues no; él me comprendía y me consolaba cuanto podía, porque tenía aspiraciones semejantes a las mías; aun creo que nuestro recíproco sentimiento se aumentó por esto, nuestros afectos vibraban siempre al unísono y se portó siempre conmigo como un consolador y un apoyo"

martes, 3 de febrero de 2009
JUVENTUD DE LUIS

Desde niño había percibido el ritmo seductor de los desfiles militares. Conservará afición a los viajes, y estima al servicio militar. Sus padres, procuraron diligentemente su educación; desde bebé había vivido en Strasburgo, por lo que les urgía que el niño aprendiese muy bien el francés. Siete años tenía cuando su familia se radicó en Francia, al pedir el retiro el Capitán, su padre.
Luis, por inclinación personal, se hubiera dado a la carrera militar, pero su instinto de artista, que había de revelarse en sus dibujos, le inclinaba a la labor de trabajos primorosos. Se dedicaría a cincelar objetos de valor. También tomó cursos de arte mecánico de relojería.
Estos cursos los tomó entre los años 1842 y 1843., radicándose en casa de un primo hermano de su padre, en la capital de La Bretaña. Se enamoró de este lugar, de sus paisajes y la sencillez de sus costumbres.
Era excelente estudiante, crítico sobre sus trabajos, ordenado, limpio y metódico. Le fascinaba leer; sus autores preferidos fueron Fenelón, Lamartine y Chateaubriand.
Era un joven sensible, amante de la naturaleza y muy piadoso.
La relojería es un arte de aplicación que exige un largo aprendizaje y repetidas experiencias. Viajó nuevamente a Strasburgo a la casa de un amigo de su padre, Amado Mathey, que tenía un taller. Allí pudo aprender como funcionaba el reloj de la Catedral y de paso aprendía el idioma alemán. Esta permanencia duró dos años.
Antes de seguir narrando la vida de Luis, es necesario, queridos hermanitos, que conozcamos a la que Dios predestinaba para esposa de Luis Martin.
viernes, 30 de enero de 2009
MEDALLON DE BODAS .........

Este es el medallón que Luis dio a Celia durante su ceremonia de boda,
el 13 de julio de 1858.
Como un recuerdo de su matrimonio,
Luis Martin diseñó un medallón como un regalo para Celia.
En el momento en que intercambiaron sus votos,
el sacerdote bendijo el medallón.
Luis deslizó el anillo de bodas en el dedo de la mano de Celia
y en la mano derecha , a continuación, coloca el medallón ,
diciendo "Recibe el símbolo de las promesas de nuestra boda ".
En las fotografías se muestran ambos lados de la medalla original,
ahora situado en el obispado de la diócesis de Sees, en la que nació Celia.
En honor de la beatificación, el medallón se exibió en Alencon
el sábado, 18 de octubre, en el la tarde antes de la Misa pontifical
que se celebró allí en la vigilia de la Beatificación.
Parte frontal:
Luis eligió las figuras biblicas de Sara y Tobías para este recuerdo.
Y esta es la parte de atrás:
Lleva grabadas las iniciales de ambos y la fecha del desposorio

En alabanza de Cristo ...
Sarita
viernes, 23 de enero de 2009
La Familia

Los registros de bautizados en Athis-de-l'Orne del distrito de Domfront contiene desde el siglo XVI familias apellidadas Martin, señalan, desde el 2 de abril de 1692, una rama ininterrumpida de Juan Martin, rematandose con el bautismo del niño Pedro Francisco Martin , el 16 de abril de 1777.
Sus padres viven a la sombra del campanario, su tio materno y padrino del niño, en la etapa mas critica de la revolucion desafiando los "ukases" de los "jacobinos", escondio en su casa las campanas de la iglesia.
La religion al verse perseguida anidaba en lo profundo de sus almas. Pedro Martin privado desde la niñez de la liturgia, pudo en cambio, admirar el ejemplo cautivante de una fe q se resiste a morir, ese fue el bisabuelo de Teresita.

lunes, 19 de enero de 2009
HISTORIA DEL MILAGRO DE PIETRO

Pietro nació en Milán el 25 de mayo de 2002. El mismo día le fue detectada una malformación pulmonar grave, razón por la que el neonato permaneció en el hospital donde se le practicó una terapia intensiva para que pudiera respirar.
"Pronto nos dimos cuenta de que la enfermedad era muy grave. No había ninguna posibilidad de curación. Nos pidieron hacerle una radiografía pulmonar para ver qué podía ser", explica Valter.
Era necesario que se le practicara una biopsia, lo que implicaba un gran riesgo para el pequeño. Por ello los padres decidieron bautizarlo de inmediato. Fue así como le pidieron al padre Antonio Sangalli que le administrara el sacramento. El sacerdote carmelita les entregó una estampita de los esposos Martin.
"Ellos habían perdido cuatro hijos en tierna edad. Así podían ayudarnos en esa situación y en lo que el Señor nos estaba pidiendo en ese momento", dice Adele.
Los esposos Schilirò no sabían mucho de la vida de Zélie y Louis, lo poco que conocían era a través de los escritos de santa Teresita. En medio de la incertidumbre por la salud del pequeño descubrieron una "cercanía misteriosa con los esposos Martin", según confiesa Vlater.
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"Nosotros nos atrevimos a pedirle al Señor aquello que llevábamos en el corazón: la curación de Pietro. El Señor nos había puesto entre las manos de los esposos Martin", testimonia la madre del pequeño.
En medio del sufrimiento, y al ver a su hijo recién nacido conectado a tantos aparatos artificiales para poder respirar, Adele y Valter entendieron que deberían preguntarle a Dios cuál era la voluntad para Pietro: "Para nosotros esto ha sido muy importante porque nos ha ayudado a mirar lo que nuestro hijo estaba viviendo. Vivía plenamente su vocación a través de lo que hacía en su sufrimiento. Participaba en la salvación de las almas con Jesús. Para nosotros éste ha sido el primer milagro", asegura Valter.
El 26 de junio Pietro sufrió una fuerte crisis respiratoria. "Los médicos nos dijeron que era cuestión de pocas horas o de cualquier día pero que de todas maneras para Pietro no había esperanza", comenta Adele.
Tras rezar varias veces la novena a los esposos Martin, el 29 de junio, día en que la Iglesia celebra la fiesta de San Pedro y San Pablo, Pietro comenzó a dar señales de mejoría. Dos semanas después el pequeño ya respiraba sin oxígeno y los médicos aseguraron que su curación era "un hecho sorprendente". Los padres se lo comunicaron al padre Antonio y fue así como el sacerdote se convirtió en el vicepostulador de la causa de beatificación de Zélie y Louis.
"Estamos verdaderamente colmados de agradecimiento. Nos sentimos sobrepasados," asegura Adele.
A lo que Valter agrega: "No es un mérito para nosotros en absoluto. Lo que le ocurrió a Pietro es algo para toda la Iglesia. De hecho, hoy estamos aquí para presentar al Papa esta reliquia, que es un signo de agradecimiento para toda la Iglesia".
Hoy Pietro es un niño normal: juega, va a la escuela y sabe muy bien que fue curado gracias al milagro de los esposos Martin.
"Todas las noches se encomienda con nosotros, en familia, a los padres Martín, rezando por las personas que nos piden sus oraciones", dice Adele.
"Reza también por el Papa y por todos nuestros queridos amigos sacerdotes, y por una gran lista de gente" agrega Valter.
Los papás de Pietro entienden muy bien lo que significa confiar en la Providencia cuando se sufre por la salud de los hijos: "Yo aconsejaría a los padres de los niños enfermos que no pierdan la esperanza de acercarse a Cristo a través de sus santos. Que se atrevan a pedir, porque el Señor es un Padre bueno. Es necesario tener esta fuerza de entender que lo que ocurre siempre es para el bien de todos", dice Valter.
"En un momento de prueba, el Señor nos pide mucho, pero si se pone la esperanza y la fe en Él, nos colmará con mucho más. Hay que pedir la conversión del propio corazón. Es la primera curación que se debe pedir siempre", señala Adele.
DIEU NOTRE PÈRE, JE TE RENDS GRACE POUR LOUIS ET ZÉLIE MARTIN. Amen!

Fuente Zenit
martes, 6 de enero de 2009
LUIS :''Este niño es un predestinado"

Luis Jose Estaninlao Martin (*), nacio el 22 de agosto de 1823,
en la calle Servandoni , de Burdeos. Sin tardanza recibio el agua del socorro, postergandose el bautismo hasta el regreso del jefe de la familia que por ese entonces militaba, en las filas del 19 ligero de expedicion de España.
De donde regreso con la crz de caballero de la Orden Militar y Real de San Luis.
(*) Luis Martin por devocion al apostol de las Indias gustara mas tarde,
agregar a sus nombres el de Javier.
El bautismo de Luis se realizo el 28 de Octubre de 1823 en la iglesia de Santa Eulalia, en la que un monumento honrara algun dia la memoria del padre de Teresita.
El arzobispo de Burdeos , Mns. d'Aviau du Bois de Sanzay, debio presentir su futuro pues dijo a los padres:
"¡Regocijense!, ¡Este niño es un predestinado!"
